Aprender a pedir disculpas, perdonar y en última instancia, olvidar es esencial no solo para mi salud emocional, sino también para mi vida cristiana.
Cuando pido disculpas reconozco que he cometido un error. Esto puede ser por una acción, una palabra dicha sin pensar o incluso un descuido.
Mi disculpa tiene que ser sincera, no solo de palabras, debo sentirlas de verdad. Debo reconocer el daño, que la persona sienta que comprendo el impacto de mis acciones.
Cuando he discutido y dicho palabras hirientes. Para hacer las paces, me acerco y digo: Entiendo que lo que dije te lastimó y lamento haberlo hecho. No era mi intención herirte, y pido disculpas. Reconocerlo abre la puerta a la comunicación y la sanación.
Perdonar es un acto que me libera, es dejar de lado el rencor y la amargura hacia alguien que me ha ofendido. Es un acto de liberación que beneficia a la persona perdonada y a mi mismo
Jesús me enseña orando la importancia de perdonar: pido perdón por mis ofensas y perdono al que me ha ofendido.
Cuando perdono, oro y me doy un momento para entender cómo esa ofensa me ha afectado. Luego decido perdonar, no espero a sentirme listo, decido en mi corazón que lo haré con la ayuda de Dios.
Entonces comunico mi perdón, hago saber a la persona que la perdono. Sé que el perdón es un proceso. Puede que no suceda de inmediato. Es normal necesitar tiempo para sanar.
Sé que olvidar no es borrar, sino transformar el recuerdo. Significa que libero el control que esas heridas tienen sobre mi. Se trata de decidir, no dejar que esos recuerdos me causen dolor o rencor.
Olvidar no es perder la memoria. Es lograr que lo que pasó ya no me lastime. Es recordar sin resentir. En lugar de recordar la ofensa, pido a Jesús me sane. Y digo de corazón: en el Nombre sé Jesús yo te perdono, que Dios te bendiga.
Todo conflicto, discusión y herida, me deja lecciones que he aprendido de la experiencia, incluso si han sido dolorosas.
A veces es bueno establecer límites. Si es necesario, mantengo un espacio saludable con la persona que me ofendió, mientras trabajo en mi proceso de sanación.
Por ello, hago mía la Palabra: “Por el contrario, sean bondadosos y compasivos unos con otros, perdonándose mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo." (En 4,32).
Señor Dios, me acerco a ti con un corazón humilde, reconociendo mis errores y mis heridas.
Te pido, Señor, que me des la valentía de pedir disculpas a aquellos a quienes he ofendido.
Ayúdame a ser sincero y a reconocer el daño que he causado. Permíteme expresar mi arrepentimiento de una manera que pueda sanar las relaciones que he lastimado.
Te ruego que me concedas la sabiduría y la fortaleza para perdonar. Ayúdame a dejar atrás el rencor y el resentimiento.
Te pido que me asistas en el proceso de olvidar, de liberar mi corazón de la tristeza y el dolor que estos me generan. Quiero vivir en libertad, lejos de las ataduras del pasado.
Te confío a aquellos que me han herido, y te agradezco por la oportunidad de aprender a amar con un corazón renovado.
Lee, medita, ora y comparte.
P. Óscar
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