Esa diferencia refleja un sistema que ha dejado de exigir para aparentar éxito. La inflación de calificaciones y la desconexión entre los contenidos curriculares y los aprendizajes reales crean una ilusión de progreso que no resiste una evaluación seria.
En el sector público, apenas un 14 % de los estudiantes alcanza un desempeño integral. El resto transita por una educación que promueve sin formar, que califica sin enseñar. No se trata solo de ajustar pruebas, sino de recuperar el valor de la enseñanza como un acto de transformación, no de trámite.
La educación dominicana necesita reencontrarse con su propósito. Promover más sin aprender más es una forma de engaño colectivo. Cuando el aula se vacía de rigor, el futuro también se vacía de esperanza.
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